
En Wunderkammer. Cámara de maravillas, la exposición que reúne más de tres décadas de su obra en el Centro Cultural Borges, Nicola Costantino camina entre máquinas, criaturas, vestidos y dobles de sí misma. Cada obra parece formar parte de un universo autónomo, construido en el límite entre lo bello y lo perturbador, lo orgánico y lo artificial. "Creo que con el auge y el acceso a la Inteligencia Artificial, va a ser mucho más valioso lo artesanal ”, afirma frente a uno de sus mecanismos.
Su historia personal tampoco sucede por fuera de su producción artística. La maternidad, el vínculo con sus padres, el cine y los animales que conoció durante su infancia reaparecen convertidos en imágenes, materiales y obsesiones. Algunas piezas se modifican con el paso del tiempo; otras, asegura, solo estarán terminadas cuando ella muera. Así, su gran cámara de maravillas funciona también como una autobiografía fragmentada: un archivo vivo en el que obra y vida se vuelven imposibles de separar.


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