Los jinetes del Apocalipsis cabalgan en Gaza
- Sofía Celiz
- 30 jul 2025
- 5 Min. de lectura
Un recorrido por las crisis humanitarias contemporáneas a través de la figura de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, con foco en la situación actual en Gaza
Desde la comodidad de un hogar, una cama caliente y un plato de comida, el horror parece lejano, ajeno, casi irreal. Pero la muerte indiscriminada no tiene dos caras: es una sola verdad, cruda e innegable. Hoy, los relatos bíblicos de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis no son ya profecías distantes, sino imágenes que se repiten en Gaza, Sudán, Haití, Yemen, donde el hambre, la guerra y la muerte cabalgan sin freno sobre un pueblo que clama por una paz que el mundo ignora.
Los relatos bíblicos que ilustraron cuatro grandes jinetes predicadores de los temores más grandes de la humanidad, son hoy historias de vida que parecen recuerdos de una pesadilla. Las bombas no hacen ruido, no tiemblan la tierra, no traen llanto ni plegarias para aquel que no ha sido deshumanizado por la humillación y la barbarie, para aquel que no forma parte de un pueblo hambriento y exhausto.

Lo mejor que podría pasarnos es que los jinetes del Apocalipsis queden en una historia lejana, sin embargo, el hambre, la peste, la muerte y la guerra son tragedias que cada vez se vuelven más normales para el ojo humano y para el corazón (si es que lo tienen) de los grandes líderes que empuñan la espada desde sus escritorios hacia familias inocentes o personas que entregan su vida para mostrar la verdad.
Es por esas vidas que estremecen por segundos nuestro cuerpo al verlos morir de hambre en imágenes (que al pasar de post pasan a volverse la nada misma) que trazaremos un puente entre los jinetes de apocalipsis que cabalgan por algunas de las crisis humanitarias más trágicas y silenciadas de nuestros tiempos, como lo ha sido por décadas la guerra en Gaza.
Y, cuando el cordero abrió uno de los sellos… vi un caballo blanco… y su jinete tenía un arco… Y salió otro caballo bermejo; y a su jinete le fue dado el poder de quitar la paz de la tierra y hacer que se maten unos a otros; y le fue dada una gran espada… Y vi un caballo negro; y su jinete tenía una balanza en la mano… Y vi un caballo amarillo; y su jinete tenía por nombre Muerte; y el infierno le seguía; y le fue dada potestad… para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las bestias de la tierra.

La conquista, la guerra, el hambre y la muerte, cuatro símbolos que encarnan las mayores calamidades de la humanidad que el pueblo Palestino presencia cotidianamente.
"Y al jinete le fue dada una gran espada". El territorio palestino lleva décadas bajo ocupación, décadas que datan desde finales de la Primera Guerra Mundial bajo administración británica tras la derrota de Imperio Otomano quien gobernaba Medio Oriente. Posteriormente Gran Bretaña aceptó en la Declaración Balfour su deseo de favorecer la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío". Desde entonces el recelo entre lo qué representaba una minoría en el territorio contra una mayoría musulmana fue incrementando con el tiempo a medida qué se favorecía la inmigracion judía y se echaba a los palestinos de sus casas. Pasando por la Gran Revuelta Árabe hasta la Segunda Guerra Mundial la situación sólo empeoró, donde la propuesta de mantener la independencia de Palestina rechazando la partición en dos estados, y restringiendo las compras de tierras se volvió una idea lejana.

Pero volviendo más a nuestros tiempos fue desde octubre de 2023, que la violencia ha escalado a niveles dantescos. Barrios enteros reducidos a escombros, familias sepultadas bajo el concreto, niños convertidos en "blancos legítimos" para francotiradores. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, justifica la masacre aludiendo a que el pueblo palestino representan una amenaza que seria capaz del llegar a consolidar la "destrucción del Estado de Israel". Pero, ¿quiénes son realmente los destructores? ¿Los que empuñan rifles o los que sobreviven entre ruinas, sin agua ni medicinas? Y aun así, imaginar el odio al que puede llegar un niño tras ver morir a su familia, al ver como sus hermanos mueren de hambre, al ver cómo se han establecido puntos de control ilegales y han secuestrado mujeres y se han enterrado almas vivas bajo escombros, ¿no tiene sentido? ¿no querrías destruir todo aquello que te ha quitado la oportunidad de vivir?
"Una balanza en la mano". El bloqueo israelí ha convertido la ayuda humanitaria en un privilegio, y en una masacre. Toneladas de comida se pudren en los puestos de control mientras los niños palestinos mueren de desnutrición. La ONU advierte que Gaza está al borde de la hambruna. Pero el mundo mira, comparte un post en Instagram, y sigue desplazando el dedo. La deshumanización se encarna allí, cuando el esquema de distribución de la ayuda estadounidense-israelí termina en disparos y los tanques desfilan mientras la gente es capaz de morir por conseguir un pedazo del pan.

"Y su jinete se llamaba Muerte". Más de 35,000 asesinados, el 70% civiles. Hospitales bombardeados, ambulancias atacadas, cadáveres abandonados en las calles. No es guerra, es exterminio. Como dijo el secretario general de la ONU, António Guterres: "Parece que los cuatro jinetes galopan por Gaza". Y, Tom Fletcher, el jefe humanitario de la ONU, describe a una crisis humanitaria que está “totalmente a otro nivel”. Donde los perros merodean buscando cadáveres, las personas están delgadas, y los sobrevivientes completamente traumatizados. “Es una película de terror”.
Volviendo a los jinetes, algunos interpretan al primer jinete como la "conquista divina". Pero aquí, el caballo blanco podría ser la impunidad: la retórica de "legítima defensa" que encubre crímenes de guerra, los vetos en el Consejo de Seguridad, la complicidad de Occidente. La conquista no es divina, es colonial.
En 1948, 750,000 palestinos fueron expulsados de sus hogares en la Nakba ("catástrofe") hacia tierras que se convirtieron en Israel y el pueblo terminó como refugiados. Hoy, la historia se repite: campos de refugiados superpoblados, familias desplazadas una y otra vez, un pueblo entero confinado en una prisión a cielo abierto. "¿Vamos a acostumbrarnos a esto?", preguntaba el artículo original. La respuesta duele: ya lo hemos hecho.
"Estamos muriendo lentamente cada día. ¿Hay alguien en este planeta que pueda vivir lo que un humano está viviendo en Gaza?". Pero las palabras no bastan. Los jinetes siguen galopando porque el silencio los alimenta. Silencio que, en reflexiones de un gran filósofo y politólogo de nuestros tiempos, Noam Chomsky se debe a que el pueblo palestino no tiene apoyo internacional, y no lo tienen porque no tienen nada. Sin riqueza ni poder, no hay derecho. Y así es como funciona el mundo. Y por más declaraciones en busca de misericordia, nadie va a hacer mucho por ellos, especialmente cuando aquellos jinetes que empuñan la espada en el sistema internacional amenazan a cualquiera que intente hacer algo.
Buscando un poco de optimismo, el Apocalipsis podría no ser el fin, sino una advertencia. Gaza no es una tragedia lejana: es el espejo de una humanidad que normaliza el horror. Si permitimos que los jinetes siguen cabalgando, no seremos testigos, sino cómplices.




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