Edward Young
- Matías Yeatts
- 11 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 dic 2025
En este tercer artículo de la serie Facciones, recuperamos la figura de Edward Young, poeta de la melancolía y la contemplación, para revisitar cómo su vida marcada por la pérdida dio forma a una obra que meditó, con rigor moral y fervor cristiano, sobre la muerte, la inmortalidad y el destino del alma.
Que los biógrafos no tienen biografía, es un hecho que fácilmente puede contradecir la vida de James Boswell. Cuando aquel hijo de duques, escribe La vida de Samuel Johnson, no sabía que, además de inmortalizar al vate, dejaría una cuidada anatomía de la época. En ese tejido de historias mínimas, anécdotas y conversaciones, la presencia del doctor Edward Young recorre los pasillos de la vida de Johnson. Ambos eran devotos de Milton; Young era un amigo cercano del padre de Sir Horace Walpole, quien, según dicen, dio los primeros pasos en el brumoso campo de la narrativa gótica con El castillo de Otranto.
Tal vez, las siluetas de estos gentleman sean un cinerario que debamos agitar para que se desnuden de polvo y olvido. Young nace en 1683 en el pequeño poblado de Upham; hombre de leyes por deber, como casi todos los poetas de su tiempo, y poeta por vocación. Durante su vida, profesó la buena poesía y la cuidada moral cristiana; su obra más importante, Lamentos Nocturnos, es didáctica y exhorta a su destinatario, el “joven pagano Lorenzo”, a descender a las profundidades del espíritu y adoptar una vida religiosa. Esta invitación se extiende al lector; de quien se espera una reforma moral.
En el curso de unos pocos años 1736 - 1740, la muerte toca a la puerta de Young repetidas veces. Sufre la muerte de su hija y su esposo; seis años más tarde muere su esposa. El poeta pasa más tiempo en el cementerio y la iglesia que en su casa. Al igual que muchos de los hombres de su tiempo, era un churchman. Boswell narra la visita que hacen con Johnson a la casa de Edward Young, donde vivía su hijo. Allí, encuentran un jardín muy pulcro, con un camino cercado de árboles y un arroyo, donde también había un invernadero que, en su exterior, tenía la siguiente inscripción del Génesis: “Oyeron la voz del Señor Dios al caminar por el jardín”. La figura del poeta melancólico, lúgubre, damnificado por el destino que le toca en suerte, construirá un mito del cual no podrá desprenderse con facilidad, a pesar de que sus coetáneos repitan que era un hombre animado y alegre.
El último día.
Edward Young (1681-1765)
Tarde o temprano, en alguna fecha futura, (Un secreto terrible en el Libro del Destino) Esta hora será sólo en el arcón de la sabiduría, Cuando diez mil cosechas se hayan elevado; Cuando las escenas cambien en esta Tierra que gira, Los viejos imperios caerán, dando a luz a otros; Mientras otros Borbones reinan en otras tierras Y (si el pecado del hombre no lo prohíbe) otras Anas; Mientras todavía el cansado mundo transita Los mismos senderos que otros han caminado, Irreflexivos, como los que ahora corren por sus laberintos De polvo disuelto, o de un sol extinguido; (¡Vosotros, mundos sublunares, despertad, despertad! ¡Vosotros, reyes de las naciones, escuchad y temblad!) (...)
Los tormentos del espíritu y el insomnio impulsaron a Young a escribir su obra célebre: Night Thoughts on Life, Death and Inmortality. Escrita en verso blanco, se desarrolla a lo largo de nueve noches donde el poeta discurre alrededor de los temas centrales: El hombre – El mundo – La vida pagana – La vida contemplativa – El placer – La infidelidad – La inmortalidad – La muerte – El paraíso – El infierno – La eternidad. En ellas, está presente el mensaje cristiano de la salvación de las almas: “Al polvo está atada la vida; la muerte le otorga alas para sobrevolar las esferas”. El poema debería inducir al lector hacia la vida contemplativa y alejarlo de la banalidad de los placeres terrenales.
Bajo la sombra de Young, Thomas Grey, su coetáneo, y Parnell, se etiqueta caprichosamente una poesía llamada “graveyard poetry” (poesía del cementerio). No formaron una escuela ni plantearon un programa estético. De ellos, Young fue el injustamente olvidado; quizás, el mensaje didáctico-cristiano fue en detrimento de la maestría poética de la composición. Young no pensaría lo mismo. Su pérdida, incluso en los anales de las antologías de académicos apresurados, no implica su olvido.
Lamento Nocturno o Meditaciones
Edward Young
¡Silencio y Oscuridad! ¡Hermanas solemnes! Hijas gemelas de la noche antigua, Quien amamantó el blando y dulce pensamiento, Hacia la Razón y, sobre ella, Construyó cimientos sólidos (la majestuosa columna del hombre), Ayúdenme: desde el sepulcro Les daré mis gracias… En la tumba fatal, que es su reino, Mi esqueleto endeble caerá, hecho cenizas, Víctima sacrificial de su opaco altar. (…)




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