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Entre la vorágine y la quietud: “Vida Metropolitana” en Cassia House

  • Sophia Balseiro
  • 40false29 GMT+0000 (Coordinated Universal Time)
  • 4 Min. de lectura
La muestra colectiva “Vida Metropolitana” articula obras diferentes sobre un eje común: la ciudad de Buenos Aires. Bajo la curaduría de Catalina Bagnato Irigoyen, esta exhibición nos propone detenernos a mirar el lugar que habitamos a través de los ojos de estos cinco artistas y su singularidad. La muestra puede visitarse hasta el 4 de marzo. 

La ciudad suele cambiar en verano. Quizás es porque el subte va un poco más vacío en hora pico, o porque en las avenidas tan transitadas del centro no se escuchan tanto las sinfonías compuestas a base de bocinas. Sea por lo que sea, Buenos Aires parece un poco menos concurrida que el resto del año. 


Pero a pesar de esto, del calor y de la humedad, la ciudad no deja de vibrar. ¿Qué hace a Buenos Aires “Buenos Aires”? ¿Qué la define? 


Si el todo es más que la suma de las partes tiene sentido afirmar que Buenos Aires es mucho más que la suma de sus barrios y sus calles. Más que la gente que la habita, más que lo que allí ocurre. Es imposible de encerrar en una palabra o simple frase. Es cambiante así como también caótica en tanto guarda consigo todas las contradicciones posibles. Nace de la mezcla y de la ambigüedad, y sobre esta confluencia se edifica. Una ciudad irregular, tanto estética como éticamente, dice Martín, protagonista del film Medianeras (2011). Sus calles alojan el paso de la historia y como resultado la tradición convive con la novedad. Pero incluso sería reduccionista hablar de una sola tradición: Buenos Aires aloja muchas.



También podría pensarse que existen tantas Buenos Aires posibles como la cantidad de personas que viven en ella. Cada barrio contiene su esencia, y esa esencia se redefine en cada habitante que, a modo de cartógrafo, crea su propio mapa de la ciudad de acuerdo a las calles de su infancia, los bares y restaurantes que frecuenta con amigos y las plazas, que se sostienen como lugares de encuentro.


Es en esa multiplicidad de recorridos y percepciones donde se inscribe la exhibición Vida Metropolitana, que reúne a artistas cuyas obras ensayan distintas formas de observar, habitar e imaginar la ciudad en esta época donde el espacio virtual se contrapone al espacio real. 


Con el filo de la ironía, Cassia House nos invita a recorrer esta exhibición diciendo que sólo contamos con cinco minutos para hacerlo. Una burla al ritmo acelerado en el cual nos hemos visto sumergidos sin previo aviso. La inmediatez que dicta en la virtualidad ha alcanzado nuestros cuerpos. Mediante las obras seleccionadas la exposición nos propone el gesto inverso: detenernos para volvernos conscientes del espacio que nos rodea. Estar presentes, atentos al movimiento de las hojas en los árboles, del diseño de la casa que acabamos de pasar e incluso del ademán de la persona sentada al lado nuestro en el colectivo. No solo ver, sino también mirar a nuestro alrededor y sentir en el cuerpo la historia del lugar que transitamos. 


Bodegón (2026) de DENISE BANDE y En obra (2026) de DANNY SHCERMAN

En conversación con Ventoux, la curadora de la exposición, Catalina Bagnato Irigoyen, destaca que la exposición deja en evidencia que “no existe una única manera de habitar la ciudad”. De este modo, Danny Scherman, Natalia Karbabian, Camila Oets, Pablo Pakciarz y Denise Bande nos dejan entrar a su propia construcción de la urbe, invitándonos a detenernos en los mismos lugares dónde ellos se detienen. 


De un intento de no dejarnos caer en el olvido nacen los dibujos de Natalia Karbabian, salvando en ellos las maravillosas construcciones típicas de las calles de la ciudad que muchas veces no tienen quién los defienda de la demolición. Mientras que restos de lo que alguna vez fue contienen también la potencia de la transformación en "En obra” (2026) de Danny Scherman. 


Entre el movimiento y la quietud, el ruido y el silencio de sus calles, Buenos Aires es una contradicción constante. Cuerpos en movimiento y ausencia de cuerpos al mismo tiempo. En las escenas que evoca Denise Bande faltan los habitantes pero sabemos que están ahí, a punto de pasar y romper con el silencio casi que fugaz que la artista retrata. Desde una calle vacía o un bodegón sin nadie a la vista, los cuadros focalizan esos momentos de calma donde sólo nos queda mirar. El silencio se amplifica por la ausencia repentina del ruido. Por otro lado, unos cigarrillos en una taza, una botella semivacía y apenas unos pies visibles sobre la mesa que construyen el cuadro “Caos I: El rancho” de Camila Oets remarca los restos de un momento compartido. 


La tranquilidad de estas escenas evocadas se contrasta con otro tipo de imágenes propias de la ciudad. Pablo Pakciarz pone en juego la otra cara: cuerpos en movimiento, multitudes compactas en un vagón de subte o en una calle transitada, listos para tomar los espacios públicos y habitarlos. 



En una época donde pareciera que poner el cuerpo cuesta, el miramiento se vuelve una decisión consciente. La ciudad, tan bella como hostil, puede conducir a la indiferencia. Mirar la ciudad es también mirar al otro, pero para eso es necesario primero romper la coraza que construimos. 


Vivimos en la era de la inmediatez. Eso se traduce en un incremento en la aceleración de nuestros ritmos, de nuestros tiempos e inevitablemente de nuestros pasos. Nos movemos de manera frenética por la ciudad, llegando tarde. El hartazgo y el cansancio se hacen evidentes. La calle se vuelve pesada. La ciudad un poco te obliga a formar una coraza. Pero sacrificamos empatía en el proceso. De repente, como signo de época, cuesta un poco más mirar al de al lado. Nos volvemos indiferentes a la persona que pide un poco de plata para comer. No hay tiempo, no frenamos, vemos pero no miramos. Ver y mirar son categorías diferentes.


Apostar al encuentro y a la presencialidad hoy en día nos devuelve una dimensión fundamental del sentir: la del cuerpo. El cine, el teatro, un recital, incluso un museo o una galería. Su potencia está en la sensación física de centenares de corazones latiendo al unísono, compartiendo la vulnerabilidad y la alegría al mismo tiempo. Apostar a la construcción constante de esta ciudad y ocupar los espacios que propician el intercambio. Romper el paradigma del individualismo para volver al comunitario. 


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